El dinero y la certeza de que "no se logrará nada" son los motivos de los ciudadanos para no secundar el paro general
ROSA FERRIOL. PALMA. Al fin ha llegado el 29-S, una fecha que muchos ciudadanos califican de tardía porque hace muchos meses que hay suficientes motivos para convocar un paro general. En las calles palmesanas ayer era mucho más fácil encontrar trabajadores que no secundarán la huelga. Con un "no" rotundo se expresan la mayoría de los ciudadanos consultados. Eva María López es administrativa y en su oficina hoy todos irán a trabajar como un día normal. "No secundo la huelga porque me descontarán dinero por una movilización que no servirá para nada. Total, Zapatero hace lo que quiere", argumenta.
La comerciante Carmen Guerrero se posiciona en contra de la movilización. Es pesimista: "Todo está perdido, no hay nada que hacer", manifiesta tras resaltar que no puede perder los 70 euros que le descontarán por un día de paro. En la misma tienda trabaja Soraya Martínez. Su principal motivo para que este miércoles sea uno más de la semana es económico. "Ya cuesta llegar a final de mes. Si aún valiera la pena protestar, la haría pero llega tarde y no se conseguirá nada", justifica.
A Manoli Perea, que trabaja en el centro social Flassaders, no le convence la convocatoria por parte de los sindicatos mayoritarios. "Me manifestaría si el motivo de una movilización me convenciera como, por ejemplo, una protesta para que se facilite el trabajo a las madres separadas con hijos a su cargo", alega. Patricia Grimalt es auxiliar de enfermería y hoy acudirá a la clínica donde trabaja como si fuera un día cualquiera. "Las consultas están programadas como siempre, como no lograrán nada con la huelga todos iremos a trabajar", avanza. Laura García es una de las 73.000 personas paradas en las islas. Aunque ha sufrido en carne y hueso una de las rutinas habituales de esta crisis, ir a la cola del Inem, rechaza movilizarse durante esta jornada porque considera que la huelga general no está justificada ya que la reforma laboral ya está aprobada. Tiene claro que detrás de esta convocatoria está la estrategia de los sindicatos de "lavarnos la cara" con una huelga general.
El dinero y la certeza de que la lucha está perdida llevan a muchos trabajadores a rechazar la huelga, sin embargo, hay ciudadanos que sí están concienciados con la causa. "Tengo muchos motivos para ir a la huelga: el principal es la reforma laboral y sus consecuencias en los jóvenes", razona Francesc Jaume. Las facilidades que tienen los empresarios para despedir trabajadores es otra causa. Su compañero Joan Gaià argumenta que "la reforma laboral implica que los mismos de siempre paguen esta crisis y no quiénes la han generado, empresarios y banca". Reconoce que llega tarde pero puntualiza que debe servir para "evitar que las pensiones sean lo próximo que se carguen los socialistas". Entiende que los trabajadores no secunden el paro por motivos económicos pero razona que las personas que hoy salgan a la calle al final también se manifestarán por aquellos que no lo hagan. "Se hacen daño a ellos mismos porque a largo plazo se están perjudicando".
La comerciante Carmen Guerrero se posiciona en contra de la movilización. Es pesimista: "Todo está perdido, no hay nada que hacer", manifiesta tras resaltar que no puede perder los 70 euros que le descontarán por un día de paro. En la misma tienda trabaja Soraya Martínez. Su principal motivo para que este miércoles sea uno más de la semana es económico. "Ya cuesta llegar a final de mes. Si aún valiera la pena protestar, la haría pero llega tarde y no se conseguirá nada", justifica.
A Manoli Perea, que trabaja en el centro social Flassaders, no le convence la convocatoria por parte de los sindicatos mayoritarios. "Me manifestaría si el motivo de una movilización me convenciera como, por ejemplo, una protesta para que se facilite el trabajo a las madres separadas con hijos a su cargo", alega. Patricia Grimalt es auxiliar de enfermería y hoy acudirá a la clínica donde trabaja como si fuera un día cualquiera. "Las consultas están programadas como siempre, como no lograrán nada con la huelga todos iremos a trabajar", avanza. Laura García es una de las 73.000 personas paradas en las islas. Aunque ha sufrido en carne y hueso una de las rutinas habituales de esta crisis, ir a la cola del Inem, rechaza movilizarse durante esta jornada porque considera que la huelga general no está justificada ya que la reforma laboral ya está aprobada. Tiene claro que detrás de esta convocatoria está la estrategia de los sindicatos de "lavarnos la cara" con una huelga general.
El dinero y la certeza de que la lucha está perdida llevan a muchos trabajadores a rechazar la huelga, sin embargo, hay ciudadanos que sí están concienciados con la causa. "Tengo muchos motivos para ir a la huelga: el principal es la reforma laboral y sus consecuencias en los jóvenes", razona Francesc Jaume. Las facilidades que tienen los empresarios para despedir trabajadores es otra causa. Su compañero Joan Gaià argumenta que "la reforma laboral implica que los mismos de siempre paguen esta crisis y no quiénes la han generado, empresarios y banca". Reconoce que llega tarde pero puntualiza que debe servir para "evitar que las pensiones sean lo próximo que se carguen los socialistas". Entiende que los trabajadores no secunden el paro por motivos económicos pero razona que las personas que hoy salgan a la calle al final también se manifestarán por aquellos que no lo hagan. "Se hacen daño a ellos mismos porque a largo plazo se están perjudicando".

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